HISTORIAS DEL CASTELAO 3

 

Al Castelao llegan algunos habitués luego del mediodía o a la tarde provenientes de la secretaría de salud y de cultura del municipio vecino y lo ocupan como lugar de encuentro y tertulia, también llegan de un centro cultural casi vecino al bar. El susodicho lugar es también para puestos de trabajo ocupados por nostálgicos setentistas militantes del movimiento popular que gobernó hasta el año pasado y ahora está en el llano o sea la oposición.  Son personas de ambos sexos que pasan la cincuentena o la sesentena, poco afectos al trabajo en todas sus formas, salvo en el formato discusión dialéctica, escritura y tertulia.  Adolfo Rodríguez es uno de ellos, cincuentón largo, morocho de barrio, según él descendiente de los pueblos originarios (complejo que padecen también Odi y Queli) pero no, la gallegada lo delata.  Abogado tardío y escritor y poeta aficionado, fue artesano en su juventud, luego ocupó cargos en el municipio vecino como secretario de cultura, eufemismo para explicar que cobra un sueldo suculento sin hacer gran cosa. Los vaivenes de la política lo cambiaron de puesto y recaló en el Castelao que le queda cerquita. Como les decía es escritor y poeta, obvio que su temática es repetitiva: su militancia política.  Logró publicar un libro que era más panfleto que libro con un título risueño” La lucha es el pueblo y el pueblo es la lucha”.  Incluía el mismo un poema a modo de himno sin música con un estribillo “Somos lucha, somos pueblo”.  Dada la escasa repercusión de este (y obviamente las bajas ventas…) y siempre que la ocasión lo ameritara hablaba del mismo.  No era habitué diario del Castelao, pero si periódico, de una o dos veces por semana.  Por la ventana del bar se observa el mediodía nublado y frio, que hace apurar el paso de Adolfo para entrar al Castelao. Había poca gente, Chelo lo observa entrar con su andar desgarbado, se sienta en una mesa solo para almorzar, tiene la mirada fija y preocupada. Chelo lo saluda y le pregunta que va a pedir.

Chelo, lo de siempre, café con leche con un tostado.

Ya lo traigo.

Al toque:

¿Cómo estás Adolfo?

Maso meno Chelo

¿Por qué?

El pueblo ya no está en la calle, ya no es pueblo, no lo dejan ser pueblo.

Chelo pensó que el lamento era porque ahora en un puesto subalterno tiene que laburar…

Menos mal que Juani el nuevo director de cultura me conoce y no le agregó horas al trabajo, sino…no se que haría…mañana vienen Queli y Odi, las chicas de Salud Mental, prepara las barras de cereal que están en la onda saludable…aunque Queli fuma…ja ja.

 

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