IMPRESIONES 28
Jardín Japonés y Abadia de San Benito
Octubre 2016. Al Jardín Japonés ya lo conocía, había ido con mi familia a fines del año 1980. Aquella vez, recorrer esa zona de Palermo tuvo algo de viaje iniciático, como a principios de 1982 conocer San Isidro, era entrar en el santuario de los ricos, poderosos y famosos, meta ambicionada por la clase media, aunque más no sea para mirar y contar al otro día en la escuela o en el trabajo (si la salida era un domingo). Aunque debo admitir que ese lugar de C.A.B.A me gusta mucho. También en aquel entonces, décadas del 80 y 90 estaban de moda los pubs y bares con música y ahora me retumba en la cabeza la canción “El piano de Olivos” de Moris Birabent, pionero del rock nacional. Asocio esos lugares con los domingos de pleno sol, el verde inmenso y el dolce far niente (vivir sin preocupaciones). Cerca del Jardín Japonés hay muchos espacios verdes como plazas y el parque Sarmiento, el Rosedal, deambula mucha gente, bastantes extranjeros, comiendo, haciendo deporte. Es un mundo aparte la avenida del Libertador, el barrio de los chetos como se decía en los 70 y 80 del siglo pasado. Según Sebreli, en los años 60 levantaba las fantasías de la clase media acerca de la vida cotidiana de la alta burguesía argentina. La Abadía de San Benito es un rincón especial, un recorte de calma y quietud en C.A.B.A, frondosa arboleda y casonas antiguas la rodean, a una cuadra el ritmo frenético de una avenida comercial frente al Solar de la Abadía. Cafecito de rigor en local dentro del claustro. En una mesa vecina está sentado un joven profesor que mientras merienda corrige las pruebas escritas de sus alumnos, costumbres que algunos tienen. Vuelvo a Lomas de Zamora con charla en la combi y sol a tutiplén en una bella Buenos Aires que hace tiempo que no veía tan linda.
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